Las pequeñas cosas cuentan

Las pequeñas cosas cuentan

Atrévete a disfrutar de los pequeños y grandes momentos de tu vida, junto a quienes amas.

Me preparaba para contarle un cuento a mis dos hijos. Juan Ignacio y Natalia me veían con sus ojos iluminados, esperando descubrir qué aventuras les compartiría papá. Oramos y les pregunté: “¿Cuál es el momento más feliz que recuerdan con su papi?” Ambos se quedaron unos minutos en silencio, sonrieron y me dieron dos respuestas que me impresionaron. Juan Ignacio empezó: “El mejor día fue cuando fuimos a jugar a aquel restaurante cerca de casa”. Natalia continuó: “Yo, aquel día que me hiciste cosquillas”. Ambossonreían recordando esos momentos.

Me sentí agradecido por mis hijos y sus sonrisas. Además, me extrañó que para ninguno de los dos el mejor recuerdo fuera cuando viajamos a aquel famoso parque en el extranjero. Entonces, descubrí que las pequeñas cosas cuentan.

Solemos hablar del balance entre la vida y el trabajo, o de cómo ser eficientes en nuestros diversos roles. A veces, nos sentimos culpables por relajarnos en casa cuando podríamos estar trabajando o nos preocupamos por estar en el trabajo cuando deseamos estar en casa. El eterno dilema de pesos y contrapesos pareciera nunca tener una respuesta favorable. ¿Qué tal si existiera otra manera de lograr el equilibrio a tomar en cuenta los pequeños detalles?

He descubierto que la forma más efectiva es “mover el centro” hacia lo que necesita más atención. ¿Mi trabajo necesita atención ahora? Allí es donde debo enfocarme. ¿Necesita mi familia más atención? Es momento de mover el enfoque hacia ellos. Así evitamos estar físicamente en un lugar, pero mental y emocionalmente en otro.

Marcus Buckingham, en su célebre libro “La mujer que lo tiene todo”, comparte un hallazgo interesante: no hay diferencia significativa en la felicidad de los hijos de madres trabajadoras o madres a tiempo completo. Lo que sí encontró fue algo en común, lo hijos siempre aseguraban: “Queremos ver feliz a mamá”. La conclusión es que nuestros hijos se benefician de la plenitud que proyectemos y del tiempo de calidad que les brindemos, incluso realizando actividades sencillas.

Entonces, veamos algunas sugerencias:

  1. No esperes a “ese gran evento” para mostrarle a tus seres queridos lo importante que son en tu vida. Una tarde especial, una noche para ver películas, cocinar juntos o simplemente hacer una tarjeta de “gracias” hacen la diferencia.
  2. Enfócate en lo que necesita tu atención en cada momento. Analiza qué áreas de tu vida requieren enfoco en cierto momento. Calendariza tiempo dedicado a dichas áreas.
  3. Analiza a dónde te está llevando el camino. Sin duda, es imposible que todos los días sean perfectos, pero si llevas muchos días sintiéndote incómodo y desequilibrado, es momento de reflexionar y redireccionar tu energía.
  4. El trabajo de perfeccionamiento no es un camino solitario. Buscar el equilibrio y la mejora es un proceso en familia; además, busca mentores que puedan aconsejarte y a quienes puedas rendir cuentas de tu avance.

Atrévete a disfrutar de los pequeños y grandes momentos de tu vida, junto a quienes amas.

Lo bueno es enemigo de lo sobresaliente

He descubierto por qué Steve Jobs, el cofundador de Apple, decía que “su trabajo era decir que no”. Cuando has avanzado en el logro de tu propósito, hay que mantenerse enfocados, porque el éxito atrae y muchas personas se te acercarán, pues desean proponerte otros negocios o emprendimientos. En este tiempo he recibido muchas ofertas de trabajo, inversiones, asociaciones, entre otros. He sido diligente en decir que no muchas veces. Otras, he cometido el error de decir que sí cuando debí haber dicho que no.

En el mundo en el que vivimos, estamos inundados de distractores. Las alertas digitales abundan: los mensajes de Whatsapp, las luces del teléfono de una llamada, los chats de Facebook, un correo que entra. ¡Estamos conectados y recibiendo más estímulos que nunca! Las oportunidades de las que hablamos antes serán más y más abundantes para ti. Ahora es más importante tener claridad de qué cosas van a recibir un “sí” y cuáles van a recibir un “no”.

“Lo bueno es enemigo de lo sobresaliente”, escribe Jim Collins. Es decir que en ocasiones podemos tener un trabajo seguro, pero que no amamos, en comparación con lanzarse a desarrollar un negocio incierto que amaríamos hacer. El trabajo seguro es “bueno”, pero el negocio incierto que amaríamos hacer puede ser “sobresaliente”.

Por qué caen los grandes

¿Qué modelos podrían servirnos para entender el cambio? Imagina a un jinete tratando de dirigir un elefante, sobre un terreno. El jinete es racional, mesurado, pero minúsculo comparado con la corpulencia del elefante. Dependiendo de dónde caminen (el terreno), así será el comportamiento tanto del jinete como del elefante. ¿Qué representa cada uno? El jinete es nuestra capacidad racional. Todo cambio necesita entenderse con el pensamiento. Sin embargo, como en nuestra ilustración, la parte racional (jinete) es menor en fuerza comparado con la parte emocional, que equivale al elefante. Finalmente, el entorno y los sistemas serán el terreno donde nos movemos.

Dirige al jinete. Cuando Jerry Sternin llegó a Vietnam, su bienvenida fue fría. El gobierno había contratado a su empleador, Save the Children, la organización internacional que ayuda a niños necesitados, a abrir una oficina en 1990 para ayudar a combatir la desnutrición. Le dijeron en el gobierno “tiene seis meses para hacer una diferencia”. Sternin viajó con su hijo de 10 años y su esposa por el país. Nadie hablaba inglés y tuvo que pasar por un proceso de adaptación a un ambiente que le resultaba hostil. La sabiduría convencional dictaba que la mal nutrición se debía a varios problemas: sanitación deficiente, pobreza casi universal, agua potable poco accesible. El análisis, como decía Sternin: “cierto, pero inservible”. Cuando analizamos un problema grande y complejo como el de Vietnam, buscamos una solución del tamaño del problema. El enfoque debería ser, sin embargo, antes de pensar en todo lo que marcha mal, en buscar, racionalmente, lo que está funcionando bien. Sternin viajó a un poblado y preguntó a las madres si existían niños muy pobres que estuvieran más sanos y grandes. Al escuchar un “Có, có, có”, o “Sí, sí, sí”, descubrió que en ciertas familias, habían niños que comían cuatro veces al día (usando las mismas porciones que otras familias pero divididas en más tiempos), eran asistidos en comer (las mamás podían darles de comer si era necesario en la boca), y comían pequeños camaroncillos y cangrejos (que se daban en abundancia en el campo) que eran mezclados con arroz (estos cangrejos y camaroncillos eran comidos por adultos pero no eran vistos sanos para los niños). Adicionalmente, daban algunas legumbres, que usualmente eran consideradas de “bajo nivel”. Sin embargo, combinados, sin saberlo, producían proteína, vitaminas y procesos metabólicos más equilibrados. ¿Cómo dirigió el cambio Sternin? Como él mismo dice “conocimiento no equivale a cambio de comportamiento, pues hay psiquiatras desequilibrados, médicos obesos o consejeros matrimoniales divorciados”. Por lo tanto, diseñó un programa de modelaje, donde las familias en grupos de 10 preparaban comida y atendían a familias mal nutridas. Las madres ahora estaban actuando de forma diferente, replicando lo positivo observado. Seis meses después, 65% de los niños de esa comunidad estaban mejor nutridos. Los cambios perduraron inclusive en el tiempo, como se validó posteriormente. En tiempos de cambio, enfócate en lo positivo para dirigir la acción. La esperanza que algo puede cambiar, es poderoso para dirigir la acción.

Cambia antes que te cambien (II)
¿Quieres cambiar? Recuerda la metáfora: un jinete, un elefante, un sistema. El jinete es racional, el elefante emocional, el sistema es el entorno. Veamos los últimos dos componentes.

Mueve al elefante. ¿Cómo hace para evitar la extinción de un pájaro único? Paul Butler, un estudiante de conservación en el Politécnico del noreste de Londres estudió el loro de St. Lucía, un pájaro con una cara turquesa, alas verdes y un escudo rojo en el pecho cuyo único hábitat natural es la isla de donde toma su nombre. El pájaro estaba al borde de la extinción, con únicamente 100 pájaros viviendo en el año 1977. ¿Qué hizo Butler? Encontró una emoción. Hizo una campaña en diversos medios, colegios, eventos deportivos, en donde creó como mascota al loro y su mensaje clave fue “cuidamos a los nuestros”. Creció el sentido de identidad de los habitantes de St. Lucía y les hizo vivir lo que significaba ser un ciudadano comprometido. ¿El resultado? La emoción relacionada al loro de St. Lucía motivó cambios incluso legales que hicieron que virtualmente fuera erradicada la caza del ave. Butler fue nombrado ciudadano de la isla y su método es ahora popularizado en el programa “Pride” (Orgullo).

¿Cómo mueves al elefante? Recuerda tres consejos: encuentra la emoción (saber algo no es suficiente para cambiar: haz que la gente sienta algo), encoge el cambio (haz el cambio lo suficientemente pequeño para que no se “asuste el elefante”; no planees en limpiar toda la casa, planea ordenar los platos) y crece a tu equipo (construye un sentido de identidad y fomenta una mentalidad de cambio posible).

Cambia el sistema. ¿Cómo podría hacer que las personas coman menos comida chatarra? Brian Wansink, de Cornell University hizo un experimento en donde dos grupos de personas fueron invitados a ver una película y a permanecer unos minutos luego de terminada la misma para conocer su opinión acerca de la venta de comida. Les ofrecieron palomitas de maíz gratuitas. Cada grupo recibió un contenedor de diferente tamaño (no observaron lo que el otro grupo recibió). Las palomitas, sin embargo, tenían un defecto: estaban rancias (a propósito). ¿Quién comió más? Ninguno de ambos grupos terminó los alimentos por su sabor tan terrible, pero quienes recibieron el contenedor más grande comieron 53% más, 21 puñados más de alimentos y 173 más calorías. El experimento fue replicado en diversos lugares y cambiando la película. Los resultados fueron consistentes: entre más grande el plato, más comemos. Si quieres comer menos, selecciona platos más pequeños.

El paso final en un proceso de cambio es alterar el sistema. Como las situaciones cambian el comportamiento, cambia la situación.

Finalmente, construye tu propia “manada”. El comportamiento es contagioso. Rodéate de personas que exhiban los comportamientos que deseas.

En resumen, podemos hacer cambios sustantivos en cualquier área si recordamos apelar a lo racional (el jinete), hacer sentir a los demás (el elefante) y cambiar el sistema (o entorno). ¿Qué cambios deseas hacer? El cambio es una constante, pero el crecimiento derivado del cambio es opcional.

Cambia antes que te cambien

¿Qué modelos podrían servirnos para entender el cambio? Imagina a un jinete tratando de dirigir un elefante, sobre un terreno. El jinete es racional, mesurado, pero minúsculo comparado con la corpulencia del elefante. Dependiendo de dónde caminen (el terreno), así será el comportamiento tanto del jinete como del elefante. ¿Qué representa cada uno? El jinete es nuestra capacidad racional. Todo cambio necesita entenderse con el pensamiento. Sin embargo, como en nuestra ilustración, la parte racional (jinete) es menor en fuerza comparado con la parte emocional, que equivale al elefante. Finalmente, el entorno y los sistemas serán el terreno donde nos movemos.

Dirige al jinete. Cuando Jerry Sternin llegó a Vietnam, su bienvenida fue fría. El gobierno había contratado a su empleador, Save the Children, la organización internacional que ayuda a niños necesitados, a abrir una oficina en 1990 para ayudar a combatir la desnutrición. Le dijeron en el gobierno “tiene seis meses para hacer una diferencia”. Sternin viajó con su hijo de 10 años y su esposa por el país. Nadie hablaba inglés y tuvo que pasar por un proceso de adaptación a un ambiente que le resultaba hostil. La sabiduría convencional dictaba que la mal nutrición se debía a varios problemas: sanitación deficiente, pobreza casi universal, agua potable poco accesible. El análisis, como decía Sternin: “cierto, pero inservible”. Cuando analizamos un problema grande y complejo como el de Vietnam, buscamos una solución del tamaño del problema. El enfoque debería ser, sin embargo, antes de pensar en todo lo que marcha mal, en buscar, racionalmente, lo que está funcionando bien. Sternin viajó a un poblado y preguntó a las madres si existían niños muy pobres que estuvieran más sanos y grandes. Al escuchar un “Có, có, có”, o “Sí, sí, sí”, descubrió que en ciertas familias, habían niños que comían cuatro veces al día (usando las mismas porciones que otras familias pero divididas en más tiempos), eran asistidos en comer (las mamás podían darles de comer si era necesario en la boca), y comían pequeños camaroncillos y cangrejos (que se daban en abundancia en el campo) que eran mezclados con arroz (estos cangrejos y camaroncillos eran comidos por adultos pero no eran vistos sanos para los niños). Adicionalmente, daban algunas legumbres, que usualmente eran consideradas de “bajo nivel”. Sin embargo, combinados, sin saberlo, producían proteína, vitaminas y procesos metabólicos más equilibrados. ¿Cómo dirigió el cambio Sternin? Como él mismo dice “conocimiento no equivale a cambio de comportamiento, pues hay psiquiatras desequilibrados, médicos obesos o consejeros matrimoniales divorciados”. Por lo tanto, diseñó un programa de modelaje, donde las familias en grupos de 10 preparaban comida y atendían a familias mal nutridas. Las madres ahora estaban actuando de forma diferente, replicando lo positivo observado. Seis meses después, 65% de los niños de esa comunidad estaban mejor nutridos. Los cambios perduraron inclusive en el tiempo, como se validó posteriormente. En tiempos de cambio, enfócate en lo positivo para dirigir la acción. La esperanza que algo puede cambiar, es poderoso para dirigir la acción.

Cambia antes que te cambien (II)
¿Quieres cambiar? Recuerda la metáfora: un jinete, un elefante, un sistema. El jinete es racional, el elefante emocional, el sistema es el entorno. Veamos los últimos dos componentes.

Mueve al elefante. ¿Cómo hace para evitar la extinción de un pájaro único? Paul Butler, un estudiante de conservación en el Politécnico del noreste de Londres estudió el loro de St. Lucía, un pájaro con una cara turquesa, alas verdes y un escudo rojo en el pecho cuyo único hábitat natural es la isla de donde toma su nombre. El pájaro estaba al borde de la extinción, con únicamente 100 pájaros viviendo en el año 1977. ¿Qué hizo Butler? Encontró una emoción. Hizo una campaña en diversos medios, colegios, eventos deportivos, en donde creó como mascota al loro y su mensaje clave fue “cuidamos a los nuestros”. Creció el sentido de identidad de los habitantes de St. Lucía y les hizo vivir lo que significaba ser un ciudadano comprometido. ¿El resultado? La emoción relacionada al loro de St. Lucía motivó cambios incluso legales que hicieron que virtualmente fuera erradicada la caza del ave. Butler fue nombrado ciudadano de la isla y su método es ahora popularizado en el programa “Pride” (Orgullo).

¿Cómo mueves al elefante? Recuerda tres consejos: encuentra la emoción (saber algo no es suficiente para cambiar: haz que la gente sienta algo), encoge el cambio (haz el cambio lo suficientemente pequeño para que no se “asuste el elefante”; no planees en limpiar toda la casa, planea ordenar los platos) y crece a tu equipo (construye un sentido de identidad y fomenta una mentalidad de cambio posible).

Cambia el sistema. ¿Cómo podría hacer que las personas coman menos comida chatarra? Brian Wansink, de Cornell University hizo un experimento en donde dos grupos de personas fueron invitados a ver una película y a permanecer unos minutos luego de terminada la misma para conocer su opinión acerca de la venta de comida. Les ofrecieron palomitas de maíz gratuitas. Cada grupo recibió un contenedor de diferente tamaño (no observaron lo que el otro grupo recibió). Las palomitas, sin embargo, tenían un defecto: estaban rancias (a propósito). ¿Quién comió más? Ninguno de ambos grupos terminó los alimentos por su sabor tan terrible, pero quienes recibieron el contenedor más grande comieron 53% más, 21 puñados más de alimentos y 173 más calorías. El experimento fue replicado en diversos lugares y cambiando la película. Los resultados fueron consistentes: entre más grande el plato, más comemos. Si quieres comer menos, selecciona platos más pequeños.

El paso final en un proceso de cambio es alterar el sistema. Como las situaciones cambian el comportamiento, cambia la situación.

Finalmente, construye tu propia “manada”. El comportamiento es contagioso. Rodéate de personas que exhiban los comportamientos que deseas.

En resumen, podemos hacer cambios sustantivos en cualquier área si recordamos apelar a lo racional (el jinete), hacer sentir a los demás (el elefante) y cambiar el sistema (o entorno). ¿Qué cambios deseas hacer? El cambio es una constante, pero el crecimiento derivado del cambio es opcional.

Dos formas de ver el mundo

He aprendido que existen dos formas de ver el mundo. No importa la profesión, lo que hagas en la vida, he encontrado estos dos enfoques en todas partes. Existe una mentalidad de abundancia y una mentalidad de escasez. Donde una persona ve que “abundará”, la otra persona ve que “faltará”. Esto nos lleva a actuar de cierta forma, a hacer negocios de una manera particular.

¿Cómo ves el mundo? Lo ves como un lugar en donde “todas las personas me harán daño” o cualquiera “será tu competencia” o donde “debo guardarme todo para mí” o lo ves como “hay de sobra para todos”.

Carol Dweck, en su célebre libro Mindset, nos ilustra muy claramente el punto. Ella encontró que las personas con mentalidad de escasez, 40% a nivel mundial, tienen la creencia de que la personalidad y la inteligencia vienen determinadas desde el nacimiento y no sufren cambios. Por ejemplo, una persona que tiene un cociente intelectual muy elevado es un genio y el que tiene un cociente intelectual bajo es una persona poco inteligente, y siempre será así. De esta misma forma fija e inmutable ven su vida o emprendimientos: “Yo nací pobre”, “nací en un país subdesarrollado”, “nací en una familia desintegrada”, “carezco de figura paterna o materna”, “es genético, no puedo hacer nada”, “soy así”, etcétera.

Dweck estima que las personas con mentalidad de abundancia también son 40% a nivel mundial y creen que la personalidad y la inteligencia van cambiando a lo largo de la vida, y que su objetivo es mejorar. Todas las cosas pueden servirles para un propósito y lo que ahora limita puede cambiar con esfuerzo y dedicación. Frases comunes de estas personas: “Todo me sirve para algo”, “esto tiene un propósito”, “puedo cambiar”, “nada me determina”, “soy dueño de mi destino”, “puedo construir el futuro que quiera”, “nací de esta forma, pero no necesariamente moriré de esta forma”. Según la autora, 20% de personas que están en medio, sin una clara definición entre ambas posturas. ¿Dónde estarías tú?.

Durante varios años, he dicho repetidamente una frase a quienes están iniciando un negocio: “Qué tienes en la mano, empieza con eso”. Les invito a hacer un inventario de riqueza, un recuento de todo lo que sí tienen. Es asombroso, cuando las personas se sientan a escribir sus inventarios descubren la cantidad de recursos que tienen: contactos, acceso a capital, recursos, materiales, vivencias, experiencias, entre otros. Para emprender es importante usar lo que tenemos en la mano. Usualmente tenemos mucho que descontábamos. Si tienes limitaciones, quizá eso sea lo que tienes en la mano y hay que enumerarlas para descubrir las opciones. El ver el negro distinguimos el blanco. Esa comprensión de carencia es la que te llevará a disfrutar de la abundancia y también te ayudará a comprender la realidad de muchas personas que viven el mismo reto que tú. ¿Te ves en abundancia o con limitación? Lo que creemos y decimos, sin duda, se vuelve nuestra realidad, así que incluso en medio de la dificultad, habla abundancia, exprésate en positivo. Creo en el poder de emprender.

Julio Zelaya, PhD
jzelaya@emprendeu.com
Presidente EmprendeU (www.emprendeu.com)
Autor Best Seller y Speaker Internacional

Zoom in, Zoom Out

Estaba por finalizar un periodo importante y debía tomar varias decisiones cruciales. Cargado con la preocupación, me disponía a realizar un viaje que implicaba hacer varias escalas. Mientras el primer avión tomaba velocidad para despegar, mis problemas parecían enormes. Sin embargo, cuando despegamos y empecé a ver los edificios cada vez más pequeños hasta que finalmente desaparecieron entre las nubes, mis problemas también me parecieron minúsculos, al igual que la ciudad.

¡Me veía tan pequeño en comparación con el inmenso paisaje exterior!

Entonces, medité que lo mismo me ha pasado cuando subo a algún edificio y observo la ciudad a la distancia o cuando he escalado alguna montaña o volcán. Fue así como encontré la primera disciplina de un líder efectivo: hacer Zoom Out, o lo que llamo “ir a la montaña”. Cuando tomamos distancia y visualizamos una amplia perspectiva de las situaciones, vemos el panorama muy diferente y podemos tomar en cuenta más aspectos que cuando solo nos encerramos en la situación. A veces, hacer Zoom Out implica distanciarme físicamente, como mi ejemplo del viaje o el de subir un edificio. En otros momentos, significa proyectar en el tiempo y pensar ¿cómo me sentiré en diez años respecto a esta situación?

Lo importante es salir del ojo de huracán para encontrar más opciones. Durante el viaje del que te hablo, el tiempo en off, es decir, ese lapso en el que es posible alejarse, me ayudó. Claro que al llegar a mi destino, los problemas también me esperaban en tierra, traducidos en decenas de mensajes de texto, emails y otras notificaciones en mi teléfono, y a pesar de sentirme nuevamente agobiado, el tiempo en el avión favoreció la toma de decisiones.

Mi destino final era un lugar cerca del mar, así que luego de registrarme en el hotel y avisar a casa que todo estaba bien, salí a caminar a la playa, me descalcé y empecé a sentir la calidez de los infinitos granos de arena bajo mis pies. Allí retomé mis alternativas y exploré las situaciones en mi mente. En ese lugar, con los pies literalmente en la tierra, descubrí la segunda disciplina de un líder efectivo: hacer Zoom In, o lo que llamo “ir a la playa”, que puede concretarse tomar el tiempo para sensibilizarnos, para sentir las decisiones de primera mano, enumerarlas, analizarlas, ver el detalles de las opciones. En mi caso, significó responder los correos, los mensajes de texto y cerrar algunos pendientes respecto a las importantes cuestiones que me preocupaban.

En el pasado, cuando he estado abrumado, suelo dejar de “ir a la playa”, no abro los estados de cuenta de una tarjeta por temor a haberme endeudado, o dejo de subirme a la balanza para evadir el hecho de que he comido más de la cuenta. Sin embargo, tarde o temprano, hay que hacerlo, y lo mejor es más temprano que tarde para evitar graves consecuencias.

Hagamos Zoom Out y Zoom In antes de tomar decisiones.

Evaluar nuestras alternativas siempre implicará momentos para ir a la montaña a tomar perspectiva, y también momentos para ir a la playa a revisar los hechos con detenimiento y detalle. Visualizar desde las dos perspectivas, de lejos y de cerca, nos permite tener elementos de juicio para tomar mejores decisiones. Siempre afrontemos los hechos manteniendo la fe, con los ojos abiertos a lo positivo, seguros de que todo obra para bien y de que cada situación, buena o no tan buena, nos lleva a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, si sabemos enfocarnos y aprovechar cada experiencia.

Creo en el poder de emprender.

Julio Zelaya, PhD
jzelaya@emprendeu.com
Presidente EmprendeU (www.emprendeu.com)
Autor Best Seller y Speaker Internacional

Aprender para emprender

La educación como la conocemos ha muerto. Sin embargo, no nos hemos dado cuenta de ello.

Seguimos asistiendo a aulas con escritorios que no fomentan la interacción, aún hay profesores que son premiados y sus clases son monólogos de horas, no se cuestiona el “currículo nacional base”, o “los uniformes” cuando todo lo que he mencionado es un vestigio de la era industrial, donde se buscaba la uniformidad en la educación para formar obreros de fábrica.

A criterio de Nathan Harden, autor del famoso artículo “The End of University as We Know It”, en cincuenta años habrán desaparecido 4,500 universidades en Estados Unidos, el acceso a educación será gratuita y los gigantes campus universitarios serán obsoletos, haciendo que miles de profesores pierdan sus trabajos. ¿Qué tendencias existen en el mundo de hoy?

• Las credenciales no son lo que eran en el pasado. El master es ahora un grado común, los doctorados pueden comprarse en www.buyrealdegree.com, y las deudas por estudios están cada vez más altas. Las empresas están optando por credenciales basadas en portafolios (assessment centers y pruebas tangibles de competencias más que cursos o títulos que no garantizan ni resultados ni de alineamiento cultural a la organización).

• De inversiones en infraestructura a inversiones en tecnología. Las organizaciones y universidades dejarán de invertir en construcciones de campus físicos y ambas se centrarán en inversiones de plataformas tecnológicas y propiedad intelectual multimedia.

• De la educación genérica a la personalización. La educación será cada vez más personalizada, hecha a la medida del momento que se esté viviendo. Las corporaciones contarán con facultades propias, con propiedad intelectual como activos cruciales. Las organizaciones de “training” que son oferentes de talleres estándar serán sustituidas por las organizaciones de “learning” que desarrollan currículo a la medida.

• De la educación individual al crowd learning. Con la tecnología como potencializador de la comunicación, los MOOCS (cursos abiertos masivos) serán la norma. Millones de estudiantes compartirán una misma experiencia de aprendizaje. Cada vez más será visible la interacción en foros y habrán métodos de otorgar credenciales por aportes sustanciales (similar a quienes escriben en Wikipedia o crean foros de conocimiento).

• De la Gerencia al Emprendimiento. Los negocios están cambiando a un ritmo tan acelerado que lo que se necesita ya no es únicamente administrarlos sino crearlos. Se necesita una formación que estimule el emprendimiento, la creación de nuevos proyectos internos en las organizaciones y la formación en competencias, más allá que transferencia de teorías. Mucho ha cambiado en el mundo, pero lo básico sigue siendo válido: la educación debe servirnos para SER mejores, no únicamente para HACER cosas. Nos hemos vuelto mucho HACERES humanos pero menos SERES humanos. Quizá por ello existe tal inflación de credenciales. Podemos caer en el riesgo de buscar validación o identidad en el cartón, cuando debiésemos mejorar como personas. Creo en el poder de emprender.

Julio Zelaya, PhD jzelaya@emprendeu.com
Presidente EmprendeU (www.emprendeu.com)
Autor Best Seller y Speaker Internacional

Las cosas pequeñas cuentan

I
Me preparaba para contarles un cuento a mis dos hijos. Juan Ignacio y Natalia me veían con sus ojos iluminados, esperando qué aventuras les traía hoy su papá. Oramos y les hice una pregunta. “¿Cuál es el momento más feliz que recuerdan con su papi?” Ambos se quedaron unos minutos en silencio, pero sonrieron y me dieron dos respuestas que me impresionaron. Juan Ignacio empezó “el mejor día fue cuando fuimos a jugar a ese restaurante”, me dijo seguro. Traté de recordar cuál de todas las veces que hemos ido a un restaurante con juegos y no pude identificar cuál fue. “¿Por qué fue esa vez?”, continué.
“Estábamos felices jugando Papi”. Natalia continuó “Yo aquel día que me hiciste cosquillas”. Ambos sonreían, recordando esos momentos, que seguramente se repetían en sus mentes como vívidas películas a color. Experimenté una mezcla de emociones en ese justo momento. Por un lado me sentí agradecido por mis hijos, por sus sonrisas y por esa felicidad que irradian.
Por otro lado me sentí sorprendido que nunca me dijeron “cuando salimos de viaje a este parque en el extranjero”. Las pequeñas cosas cuentan. Solemos hablar del “balance vida – trabajo” o de cómo maximizar la eficiencia en los diversos roles que jugamos en la vida. Podemos sentirnos culpables por estar en casa cuando podríamos estar trabajando, o preocuparnos en el trabajo por desear estar en casa. El eterno dilema de pesos y contrapesos pareciera nunca tener una respuesta favorable. ¿Qué tal si existiera otra manera de lograr el equilibrio? He descubierto que la forma más efectiva es de “mover el centro”.
Cuando movemos el centro, o el foco a un área, le dedicamos todas nuestras energías. Estamos presentes realmente. ¿Necesita mi trabajo atención ahora? Allí es donde debe estar el foco. ¿Necesita mi familia de mí? Allí es donde debe estar mi atención. Muchas veces el trabajo está demandando “tiempo de calidad”, al igual que muchas veces nuestras familias. Podemos estar físicamente en casa, pero mentalmente y emocionalmente en otro lado.

II
Marcus Buckingham, en su célebre libro “La Mujer que lo Tiene Todo”, encontró que no había diferencia significativa en la felicidad de los hijos de madres que trabajaban tiempo completo en comparación con quienes estaban en casa a tiempo completo. Lo que sí encontró fue una respuesta contundente en las entrevistas a ambos grupos de hijos “lo que queremos es ver feliz a mamá”.
Si trabajamos pero volvemos con rostro de tristeza a casa o si estamos en casa tristes de querer estar en otro lado, nuestros hijos asociarán la actividad a “lo que hace triste a mamá o papá”. ¿Qué podemos hacer entonces? Algunas sugerencias.

1. Las pequeñas cosas cuentan. No esperes a ese gran evento para mostrarle a tus seres queridos lo importante que son en tu vida. Una tarde especial, una noche de ver una película, cocinar juntos o simplemente hacer una tarjeta de “gracias” harán toda la diferencia.

2. Enfócate en lo que necesita tu atención en cada momento. Analiza qué áreas de tu vida requieren foco en este momento. Calendariza tiempo dedicado a ellas. Colócalo en tu agenda como si fuera una cita de trabajo. Esto forzará a que tengas de forma pre definida el tiempo para cada cosa.

3. Analiza a dónde te está llevando el camino. Sin duda que no podremos tener todos los días perfectos y en equilibrio, pero si ya llevas muchos días sintiéndote en desequilibrio es quizá momento de parar un momento a reflexionar. ¿A dónde te llevará el camino que hoy estás transitando? En ocasiones hay que tomar medidas de fondo.

4. El trabajo de perfeccionamiento no es un camino solitario. Buscar el equilibrio y la mejoría debe ser un proceso en familia, pero además de búsqueda de mentores o mentoras que puedan aconsejarnos en el proceso. Nos servirán además para rendir cuentas sobre el avance.